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Ladro, luego escribo 2022



Autores: Héctor Infante, Ana Suárez, Lorena Careaga, Verónica García, Dan Oropeza, Pilar Carrasco Mahr, Gabriela Segura, Nelly Semeijn, Diego Covarrubias, Elizabeth Ortiz, Itzel Castillo, Cecilia Carranza, Tessy Cifuentes López, Gabriel Vázquez Dzul, Sandra Monjarás, Ana Esther Urquizo, Lil Fernández Osorio, Irmgard E. von Wobeser, Luis Fernando Redondo, Mariel Turrent, Miguel Ignacio Miranda, Carlos Mendoza, Ricardo Saúl Aguilera, Josué Martínez Zapata, Emelyn Itzel Pérez Cruz. 

Prólogo de Mauricio Montiel Figueiras

Antología relato corto

Pídelo a info@malixeditores.com


Según los concibo desde 1990, cuando comencé a frecuentarlos en mi natal Guadalajara para seguir la vocación que me llamaba desde niño y que me orilló a renunciar a la carrera universitaria que cursaba, los talleres literarios deben ser espacios de creación caracterizados por tres rasgos primordiales: generosidad, espíritu conciliador y crítica constructiva. De acuerdo con mi experiencia, si alguno de estos rasgos falta o bien se minimiza el taller corre el riesgo de desequilibrarse y por ende de empezar a generar entre los participantes un ambiente cada vez menos armónico, cada vez más enrarecido y tenso, que terminará indefectiblemente por dañar la dinámica grupal. En mi calidad de escritor invitado a impartir talleres literarios en distintos géneros desde hace ya varios años, en algunas ocasiones he sido testigo de esta atmósfera perjudicial para la creación que se genera a partir de comentarios destructivos que no abonan en nada a la consolidación de un grupo de trabajo bueno y saludable sino que, por el contrario, dinamitan cualquier esfuerzo por alentar la escritura en quienes realmente pretenden ejercitarla de manera más comprometida, más seria. Sobra decir que, en todos los espacios que me ha correspondido coordinar, he pugnado porque antes que nada se respeten los tres rasgos mencionados anteriormente, y es por ello que mi labor con quienes integran el grupo autogestivo Malix Editores se ha convertido en una de las aventuras más gratificantes de mi vida profesional. Marcada por la amistad y la complicidad, valores que con el tiempo he llegado a aquilatar en un medio cultural donde muchas veces priman la envidia y el rencor, esa labor que he desarrollado al frente de talleres y clubes de lectura me ha permitido entrar en contacto con una sólida comunidad de autores de toda laya que saben bien cuán importante es escribir y leer en un ámbito definido por la concordia para poder avanzar en los procesos personales de creación y reflexión en torno del acto literario. Esto no implica, en lo absoluto, que la discusión y hasta la polémica hayan brillado por su ausencia en los espacios que he tenido la oportunidad de compartir con Malix Editores: sus integrantes, encabezados por los infatigables Miguel Miranda y Mariel Turrent, saben asimismo que tales actividades forman parte esencial de la evolución del escritor, siempre y cuando se pongan en práctica con el deseo de contribuir al aprendizaje y no de entorpecerlo o incluso de asfixiarlo. Por todo esto celebro que una iniciativa de tanta calidad artística y humana como Malix Editores subsista contra viento y marea en el panorama actual de un país como México, dominado por una maquinaria institucional enceguecida por el culto al poder y por un desprecio profundo al pensamiento creativo y crítico. Dado que ya me siento parte de este estimulante cónclave de amigos y colegas, sé que es fundamental que se le mantenga a salvo de todo aquello que no sea el amor auténtico por la literatura.

 

Mauricio Montiel Figueiras

Ciudad de México, diciembre de 2022


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